Una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado. H. Arendt

martes, 13 de noviembre de 2018

Jornadas 80 Aniversario de la Federación Nacional de MMLL 8 al 10 de septiembre de 2017, Madrid.



Las Jornadas constituyeron un nuevo ejercicio de reconstrucción del pasado, y digo “nuevo” porque estas Jornadas son las terceras que  celebra la CGT (70 aniversario en 2007 en Zaragoza, 75 en 2012 en Valencia y estas, de las que hablamos hoy, en 2017 en Madrid)
Dice Eduardo Galeano:

No hay historia muda. Por mucho que la quemen, por mucho que la rompan, por mucho que la mientan, la historia humana se niega a callarse la boca. El tiempo que fue sigue latiendo, vivo, dentro del tiempo que es, aunque el tiempo que es no lo quiera o no lo sepa.
                                          
Estas Jornadas tratan de evitar, como dice Galeano, que la historia enmudezca. Y es que la silencian y la mienten. Cualquier buen observador/a apreciará sin grandes dificultades cómo se manipula la historia y la memoria para convertirlas en objeto de consumo de ciertos planteamientos políticos.


La izquierda, últimamente, está dedicando calles o poniendo placas en diversos espacios a figuras del anarquismo. Sin embargo, este reconocimiento olvida casi siempre lo que define la idiosincrasia de estas personas, es decir, el hecho de ser anarquistas, anarcosindicalistas o libertarias.

Reconvertir personas con estas ideas en simples luchadoras por las libertades, escritoras, pedagogas, defensoras de la clase obrera, periodistas, trabajadoras por la salud, etc., siendo cierto es incompleto, una buena manera de olvidarlas, una buena manera de construir una memoria buenista, aceptable y políticamente correcta. La palabra “anarquista” sigue quemando en las manos, incluso en las manos de la izquierda.

Un buen punto de partida para que el “tiempo que fue” siga latiendo, lo más veraz posible en la actualidad es no confundir: recuerdo con memoria y con historia.

El recuerdo es la experiencia vivida y está destinado a morir con sus testigos. La memoria es la rememoración colectiva del pasado y  puede ser (o no) un elemento permanente de la conciencia social[1].
El recuerdo, pero también la memoria son subjetivas y necesitan ser contrastadas con otras fuentes que le otorguen más objetividad. Y es la historia la que debe aportar el discurso crítico sobre el pasado, es decir, la reconstrucción de los hechos y acontecimientos pasados ​​tendentes a su examen contextual y a su interpretación. La memoria solo puede vivir mediante una interacción permanente con la investigación histórica y con la acción social y política.

La realidad ha demostrado que somos una comunidad no del recuerdo, sino del olvido organizado, sistemático y deliberado[2]. El franquismo quiso destruir la memoria anterior a 1939 en su afán por aniquilar a los vencidos. Pero el olvido organizado no lo ejecutó solo el franquismo, la Transición democrática hizo pagar una cuota muy elevada a las víctimas del franquismo para asentar la democracia mediante el olvido de lo sucedido en la conciencia social (no en los estudios históricos académicos). La democracia no varió en exceso el rumbo en lo que respecta al movimiento anarquista hasta hoy mismo.


A veces la memoria se ha convertido en un campo de batalla entre versiones interesadas del pasado al servicio de las diversas tendencias políticas. La consecuencia más negativa de estas polémicas son los disparates que se consiguen asentar en la opinión pública como verdades históricas que no se pueden poner en cuestión. La manipulación del pasado, la creación de mitos y la distorsión de los hechos históricos, cuando se apoyan en la potente máquina económica y propagandística del poder, son muy difíciles de desmontar. Algo, o mucho, de eso hay en Cataluña con “el proceso”. Pero ahí está también la pretensión de crear una Comisión de la VERDAD del PSOE.

Hay tantos recorridos  de la memoria como itinerarios vitales, los espacios organizativos y de lucha que se estructuran alrededor del anarquismo deberían estar presentes en todos los escenarios de la memoria. Hay que atreverse a saber y construir nuestros propios mapas, nuestros puntos de referencia[3], ya que lo que olvidamos, ya no es nuestro. Hacer memoria es imprescindible para evitar que nos arrebaten lo que somos.

Celebrar estas Jornadas es importante, por tanto, para tratar de evitar esa banalización y ninguneo del que es objeto el anarquismo en general y el anarcofeminismo en particular. Pasó demasiado tiempo hasta que se puso en valor lo que hicieron las mujeres anarquistas.

En estas Jornadas del 80 Aniversario las diferentes ponencias, comunicaciones y mesas redondas se movieron en el tiempo pasado e intentaron hacer memoria y, en la medida de lo posible, evocar ese tiempo histórico.

Sin embargo fue patente en las y los participantes  el rechazo  a recrearnos en el pasado, puesto que no deja de ser una realidad muerta. Solo la actualidad del pasado puede dotar de fuerza y sentido la inmersión hacia atrás y aportar, así, un proyecto emancipador. De ahí el subtítulo de estas Jornadas:

La lucha de todos los tiempos

Lo sucedido en el pasado no es más grande o digno de aprecio que lo que ocurre en el presente, el interés de lo sucedido está en los ecos que resuenan en el presente.

Los seres colectivos siempre son más de lo que son puesto que llevan en sí fuerzas que tienen que ver con actos realizados en tiempos anteriores, de esta forma no se trata de verlas desde fuera sino desde dentro, desde lo que somos podemos evaluar lo sucedido en el pasado. Así lo expresaba Jean Tardieu cuando decía refiriéndose a las clases populares:

Si con una llave, golpeo los hierros que él golpeaba, escucho todavía, en su sonido que permanece puro, brotar del fondo de los siglos criminales el grito de su esfuerzo y de su triunfo[4].

Este fue también el objetivo de estas Jornadas, escuchar el sonido puro que brota del fondo de los ochenta años transcurridos desde la constitución de la Federación Nacional de “Mujeres Libres”. Las mujeres ácratas del 2018 forman parte de una ascendencia de largo recorrido que tiene más de ciento ochenta años y bebiendo de ese caudal quieren coger fuerza para actualizarlo en el siglo XXI.

Las Jornadas sirvieron, por tanto, para hacer memoria, compartir conocimientos de historiadoras que están trabajando sobre esta organización, la revista y las activistas que las hicieron posibles. Pero las Jornadas sirvieron también para contactar con otras mujeres, debatir sobre las posibilidades actuales del anarcofeminismo y, por supuesto, para disfrutar en las actividades de ocio, en las comidas y cenas, en las tertulias y en las charlas en grupo que propician esos días de encuentro. En definitiva, sirvieron para construir REDES DE CORDIALIDAD como decía Lucía Sánchez Saornil.

Y, por último, una reflexión que también se hizo en las Jornadas y que me pregunto como ponente y participante en estas Jornadas:

¿Qué recorrido hubieran tenido las mujeres que participaron en esta genealogía del feminismo anarquista que fue cortada de raíz por el franquismo?
Imposible saberlo. Lo único que podemos es especular con las posibilidades truncadas.
Lo cierto es que…
… La guerra civil y el franquismo tuvieron una dimensión de género que no podemos olvidar: el golpe de Estado y la guerra pretendían, entre otros objetivos, cerrar el camino a los cambios que se venían produciendo y que, jurídicamente, aceleró la II República.

La derrota en la guerra condujo a estas mujeres al exilio interior o exterior, muchas vieron arruinadas sus vidas, perdieron sus trabajos, vivieron en la clandestinidad, fueron encarceladas, torturadas y ejecutadas; otras tuvieron que adaptarse a nuevos países, algunas, vivir una nueva guerra.

Las que se quedaron en España perdieron cualquier derecho sobre su cuerpo, sobre su vida, abandonaron su activismo, se escondieron y malvivieron para poder sobrevivir como Lucía Sánchez Saornil.

Las que se fueron de España tuvieron que adaptarse a un nuevo país partiendo de su condición de exiliadas y refugiadas, aprender la nueva lengua, las nuevas costumbres, tratar de trabajar en lo que pudieron y les ofrecieron. Muchas murieron pobres como la médica Amparo Poch.

Procuraron resistir, recuperarse y volver a tomar contacto tras la dispersión en sus exilios europeos y americanos. Recuperaron, a partir de 1962, la escritura como forma de resistencia y empezaron a editar Mujeres Libres de España en el Exilio. Un eslabón muy valioso que permitió conectar con las mujeres que, al morir Franco, empezaron a constituir grupos de Mujeres (Libres/Libertarias).

En conclusión:
Las Jornadas del 80 Aniversario, y la publicación en este libro de sus actas suponen un paso más en la recuperación de la memoria  y de la historia de las mujeres anarquistas, un paso más para evocar sus hechos y sus emociones y un paso más para conocernos mejor al llevar a cabo esa inmersión en el pasado que hicimos durante tres días.



[1]  Enzo Traverso (2001): La historia desgarrada. Ensayo sobre Auschwitz y los intelectuales. Herder, Barcelona, p. 193.
[2] Zigmunt Bauman y Leonidas Donskis (2015): Ceguera moral. La pérdida de sensibilidad en la modernidad líquida. Paidos, Barcelona, p. 161.
[3] Dasa Drndic (2015): Trieste. Automática Ed, Madrid. Simona Skrabec (traductora), p. 12-13.
[4] De Jean Tardieu: La Part de l’ombre, citado en Colson, Daniel: Pequeño léxico filosófico del anarquismo. De Proudhon a Deleuze. Buenos Aires: Nueva Visión, 2003.

sábado, 3 de noviembre de 2018

NADIE TIENE DERECHO A OBEDECER



Fachada Palacio de los Oficios. Bolzano
La visita que hice en septiembre a Bolzano (Italia) tenía un objetivo prioritario, visitar el Palacio de los Oficios en las afueras de la ciudad. En esta ciudad, como en muchas otras de Italia, quedan importantes restos del fascismo. En el caso de este Palacio (construido en 1939), que forma parte de una inmensa plaza monumental, muy del gusto del totalitarismo fascista, había subsistido desde la fecha de su construcción un relieve con Mussolini como gran protagonista.

Detalle del relieve: Mussolini. Bolzano
Benito Mussolini aparece en este relieve en el centro de la escena, montado a caballo con el brazo en alto y una leyenda muy del gusto fascista: “Credere, Obbedire, Combattere” (creer, obedecer, combatir).

Y así se ha mantenido este edificio sin que nadie lo cuestionara, o en todo caso, sin que nada se hiciera hasta 2014. Fue en esa fecha cuando, tras abrir un concurso para ver qué hacer con este relieve, de las diferentes propuestas se aplicó la que resultó ganadora. El relieve se ha dejado tal cual y encima se decidió colocar un letrero luminoso con la frase de Hannah Arendt en tres lenguas: alemán, italiano y ladino.

Detalle del relieve: leyenda en letrero luminoso

NADIE TIENE DERECHO A OBEDECER

Una frase  que sirve para recordar que nuestras acciones son siempre el resultado de una elección y, por tanto, de un juicio en el presente.

martes, 23 de octubre de 2018

PRESENTIMIENTOS DE IMRE KERTÉSZ


Quien me conoce y/o me sigue en este blog sabe mi admiración por este autor del que tengo todos sus libros publicados y, en gran parte, leídos (me quedan unos pocos sin leer que voy dosificando para poder seguir sorprendiéndome con una nueva lectura suya).

Aparentemente, estas Cartas a Eva Haldimann era una lectura menor por su pequeña extensión y por formar parte del género epistolar, no ha sido así. Su lectura me ha hecho comprobar de nuevo la fina visión política que tenía Kertész y cómo presintió de forma clarividente algunas situaciones y comportamientos que hoy están en el candelero europeo respecto a su país de nacimiento, Hungría.

La correspondencia que se recoge en este libro de 153 páginas se produjo durante más de veinte años (1977-2002) entre Kertész y Eva Haldimann, crítica y traductora de origen húngaro que se trasladó en 1947 a Suiza para cursar estudios universitarios. En 1951 se doctoró en literatura comparada (inglés-francés) en la Universidad de Zúrich y trabajó hasta 1959 como profesora de enseñanza secundaria. Empezó su carrera de crítica literaria a principios de la década de 1960. Durante más de tres décadas presentó, como colaboradora del Neue Zürcher Zeitung, casi toda la literatura húngara contemporánea a los lectores/as alemanas.

La publicación de una reseña en la mencionada revista sobre el libro de Kertész, Sin destino, inició el intercambio de correspondencia que dio lugar a una auténtica amistad y a unas cartas que van más allá de lo habitual, aspectos autobiográficos, para adentrarse en el terreno del ensayo debido a las reflexiones y opiniones que vierte Kertész en las cartas que aparecen en este libro (publicadas en 2009 en Alemania).


El libro está formado por las cartas, un apartado de notas muy interesante donde se aclaran algunas referencias que aparecen en las cartas y los apéndices que complementan las cartas con textos mencionados en ellas y que son demasiado largos para introducir en las notas.

Entrando en el contenido de sus cartas, Kertész hace algunas reflexiones sobre la intelectualidad húngara que, tras vivir mantenida en un estado de dependencia infantil del padre,  cuando se produjo la caída del comunismo, se encontró perdida debido a que el sistema de vida falso y la mentira ya no funcionan (carta de febrero de 1990, p. 12-13). Los cuarenta años de comunismo sumieron al país en una espantosa situación moral, espiritual y material y para conseguir el poder, los manipuladores empezaron a utilizar de nuevo el antisemitismo, un juego feo y peligroso (carta de febrero de 1990, p. 13).

En ese juego, el tema de la identidad húngara se volvió a construir cuestionando a los judíos y, hoy en día, lanzando el espantajo del peligro de las personas refugiadas que pueden llegar a este país. Kertész reflexiona respecto a la identidad afirmando su individualidad y que para él, que no tiene problemas de identidad, tan absurdo es ser húngaro, como ser judío. Sin embargo, después de Auschwitz, no fue fácil construir un individuo a partir de los restos de mi personalidad pisoteada por las botas y mantenerlo de manera continua a pesar de todo.

Y añade como un grito de libertad:
No tolero que se me excluya de mi individualidad, no tolero que después de décadas carcelarias del totalitarismo me definan como perteneciente a “los judíos”, lo hagan judíos o no judíos.(…)
Yo no me he refugiado ni me refugiaré en ninguna identidad, sea racial, nacional o grupal; no he pedido a ninguna raza, nación o grupo la autorización para ser su portavoz, para excluir, juzgar, expulsar en su nombre (carta de octubre de 1990, p. 15-17).
Estos fragmentos forman parte de la carta que Kertész escribió a la presidenta de la Asociación de Escritores por las afirmaciones antisemitas del poeta y ensayista Sándor Csoóri.

En sus cartas, precisamente, se percibe la preocupación por el antisemitismo creciente (especialmente por las amenazas que recibe de los Cruces Flechadas) y se nota cómo su vida en Budapest se va enrareciendo por su implicación en el recuerdo de la Shoah que revierte en menciones y en la participación en actos relacionados con ella. Su cansancio provocó que le escribiera a Haldimann que se iba a abstener de intervenir en asuntos húngaros porque esa gente probablemente tiene razón: soy un cosmopolita que se ocupa en primer lugar de su arte y no de la llamada patria. Afirmando a continuación que le han quitado las ganas de dedicarse a la retórica… e incluso a la mera formulación de la verdad (carta de diciembre de 1993, p. 56).

En estas cartas resulta evidente que el tema básico de las obras de Kertész es la cuestión de la determinación o de la libertad del individuo, así como hasta qué punto el mundo del totalitarismo le impide desarrollarse. Sufrir la persecución por “ser judío”, él que nunca se sintió como tal, le permitió vivir la experiencia universal de la vida humana que se encuentra a merced del totalitarismo. De tal manera que transformar en destino las fuerzas externas  que determinan la vida pasa a ocupar el centro de todo el esfuerzo de su pensamiento (p. 126).

Para concluir, en el apartado de apéndices, se reproduce una entrevista de marzo de 1994 muy interesante en la que Kertész señala aquellos aspectos que le preocupaban. Entre esos temas plantea que el antisemitismo actual ya no es tan solo  un ataque contra los judíos sino también contra cualquier Estado que no sea un Estado total; es más, significa sobre todo esto.

Acusa a su país de entender el Holocausto como algo que sólo afectó a los judíos, sin tener en cuenta el devastador efecto moral que supuso para Hungría el saqueo y el asesinato de seiscientos mil cadáveres (…) y no afectara en absoluto a la población, que, se quiera o no, fue espectadora, participante activa o pasiva de ese asesinato (p. 135-136).

Kertész utiliza en esta entrevista el término “antisemitismo preventivo”, que consiste en crear un ambiente disparando por adelantado al terreno de la razón, de la racionalidad, donde podría crearse un diálogo social común y normal. Este “antisemitismo preventivo” es un instrumento, un método, sirve para impedir el discurso razonable, para no arrostrar las cuestiones turbias y en absoluto aclaradas del pasado. Por eso quieren crear de entrada una idea de la historia que imposibilite iniciar aquí un autoanálisis tendente a una verdadera autoliberación. Una excelente herramienta para ello es el ruidoso antisemitismo (p. 138).

Un recurso ruidoso, que hoy se reconvierte en la amenaza que proviene de las personas refugiadas mayoritariamente musulmanas. Un recurso que se utiliza en muchos otros países o territorios dentro de países para impedir ese discurso razonable y veraz conduciéndonos a un terreno pantanoso de enfrentamiento social.

Presentimientos que tuvo Kertész y que tanto nos ayudan hoy a comprender el turbulento, sucio y peligroso mundo que nos rodea. Un mundo de racismo, clasismo, machismo y exclusión del otro que no sabemos dónde nos puede llevar. Y es que, quizás, como dijo Thomas Mann: La época es fascista. Y aunque alguien no lo sea de forma consciente, puede serlo en sus actos, en sus instintos, en sus gestos involuntarios (p. 61).


sábado, 13 de octubre de 2018

HANNAH ARENDT


Llegué a este libro de Laure Adler sobre Arendt a través de otro libro comentado aquí, Entre amigasuna persona con gustos lectores parecidos a los míos me condujo a esta biografía. Me costó encontrar el libro y cuando lo logré en una librería de segunda mano, le faltaba la sobrecubierta, pero el libro merece la pena y mucho.


¿Qué encontraremos en esta biografía?

1.
Innumerables claves de la biografía de Hannah Arendt que nos permiten entender su vida y su pensamiento. No he leído otras biografías que se han publicado[1] y no puedo compararlas con esta, pero la de Adler es una biografía empática y muy bien narrada, además de rigurosa en cuanto a la utilización de las fuentes.
Sin entrar en detalles excesivamente íntimos, en esta biografía encontraremos una visión de conjunto de la vida de Arendt desde su nacimiento hasta su muerte. Una vida, como es bien sabido, azarosa, complicada y plena de acontecimientos positivos y negativos. Sus relaciones familiares, de pareja y de amistad, tejen un lienzo que nos permite acercarnos a la personalidad de Arendt.
Su pensamiento está muy presente en esta biografía puesto que se van desgranando sus diferentes investigaciones que acaban publicadas en libros y se dan claves muy interesantes para acercarnos a su lectura o para contextualizarlos si ya los hemos leído.

2.
La importancia que tiene la amistad para Arendt queda patente en este libro; famosa fue su frase: Mi patria no es mi pueblo, sino mis amigos, pronunciada en respuesta a los ataques que sufrió por la publicación de su Eichmann en Jerusalén. Informe sobre la banalidad del mal.
En su ensayo “La crisis de la cultura”, incluido en Entre el pasado y el futuro[2], escribía que una persona culta es aquella (…) que sabe cómo elegir compañía entre los hombres [y mujeres], entre las cosas, entre las ideas, tanto en el presente como en el pasado[3].
Ella dio un gran valor a elegir a sus amigas y amigos, saber conocer a las personas más allá de sus errores y de sus aciertos y primar el afecto por encima de todo lo demás. Esa es la clave, quizás, de que mantuviera su relación con Heidegger pese a su pasado nazi y no perdonara a Adorno sus dudas en los primeros tiempos del nacionalsocialismo; el primero era su amigo y el segundo no.
El culto a la amistad y la experiencia de la amistad que otorga conocimiento de los otros, recorre las páginas de esta biografía y es perceptible en su correspondencia, entre otras personas, con Mary McCarthy, con Gershom Scholem o con el propio Martin Heidegger[4]. La vida de Arendt es un ejemplo vivo de esa experiencia apasionada de la amistad.

3.
Esta biografía también nos permite acercarnos al significado del término comprender, entendido como actividad sin fin a través de la cual aceptamos la realidad y nos reconciliamos con ella para habitar el mundo. Porque a Arendt le interesa estar en el mundo, habitarlo, ya que ella ama al mundo, ama comprender al mundo, a las cosas, como lo que son.


4.
Interesante resulta el modo en que se trata en esta biografía el escándalo inesperado que produjo la publicación de Eichmann en Jerusalén. En la relación de libros que Arendt escribió, la acogida tensa y alborotada de Eichmann en Jerusalén, fue muy relevante. Esta obra fue duramente atacada por afirmar la sumisión de las víctimas como fenómeno general respecto al régimen que las masacraba y por la malinterpretación del concepto de la banalidad del mal. No fue bien recibida la insistencia en las zonas grises del Holocausto nazi.
Ante las duras críticas y ataques, Arendt se refugió en sus amigos/as y, en cierta manera, en sus alumnos/as. Eran los que la conocían y acogieron el sentido de su propuesta de entendimiento del holocausto recogida en este libro tan polémico. 

5.
Excelente el número de notas de que dispone la biografía. Gracias a ellas y al texto, hay una buena bibliografía que nos  acerca a la comprensión de la vida y el pensamiento de Arendt. 


[1] Elisabeth Young-Bruehl (1982): Hannah Arendt. Paidos, Barcelona. Alois Prinz (2001): La filosofía como profesión. La vida de Hannah Arendt. Herder, Barcelona.
[2] Hannah Arendt (2016): Entre el pasado y el futuro. Ocho ejercicios sobre la reflexión política. Austral, Barcelona.
[3] Hannah Arendt (2016): Entre el pasado y el futuro, p. 345.
[4] Entre amigas. Correspondencia entre Hannah Arendt y Mary McCarthy (1949-1975). Lumen, Barcelona. Tradición y política. Correspondencia 1939-1964. Hannah Arendt-Gershom Scholem. Trotta, Madrid. Hannah Arendt-Martin Heidegger. Correspondencia 1925-1975. Herder, Barcelona.

miércoles, 3 de octubre de 2018

ANTONINA RODRIGO, Mujeres granadinas represaliadas.



La autora de este libro, Antonina Rodrigo, recoge historias de mujeres granadinas que sufrieron la represión dura y contundente de las nuevas autoridades que controlaron la ciudad de Granada, tan solo con la oposición del barrio del Albaicín, en julio de 1936.


Antonina Rodrigo se centra en lo que se denomina pequeña historia, que supone la construcción de  un relato detallado y significativo sobre la gente común y real. La biografía es entendida en este libro más que como un género, como un método para hacer historia, para enlazar lo individual con lo colectivo, lo particular con lo general y lo personal con lo político.
Especialmente relevante es la recuperación de trayectorias de mujeres del pasado por los escasos testimonios del protagonismo femenino. El asunto se vuelve complicado por no decir imposible  cuando las mujeres que se biografían se mueven entre los márgenes que marcan tres coordenadas: el sexo, una condición social humilde y unos ideales políticos revolucionarios. Este es el caso de algunas de las mujeres que desfilan por esta galería de mujeres granadina represaliadas.
Aparecen en este libro numerosos ejemplos del devastador impacto psicológico de la violencia del pasado en una familia, trastocando la paz interior de quienes siguieron viviendo. Está por estudiar el tremendo desamparo que sufrieron los niños/as arrebatados a sus madres cuando fueron encarceladas y, algunas de ellas, ejecutadas.  Pese a no tener significación política, muchas mujeres fueron víctimas de los asesinatos extrajudiciales desencadenados y justificados por el golpe militar y llevados a cabo por pelotones de ejecución fascistas.
Las mujeres, que rescata del olvido Antonina Rodrigo, buscaron su autonomía personal a través de las decisiones que fueron tomando siendo muy jóvenes. Esto, que hoy puede parecernos normal, era excepcional, pero posible, en la España republicana de los años treinta. La II República fue un importante momento de visibilidad de las mujeres. La Constitución permitió la igualdad jurídica entre los sexos y favoreció un desembarco de las mujeres en el espacio público, del que habían estado excluidas. La legislación igualitaria hizo posible la aparición de una “mujer nueva”, emancipada de la tutela masculina y que cuestionó las normas de género de la feminidad. Algunas mujeres estaban construyendo un proceso de liberación, que no solo se basaba en la independencia económica, sino en la autonomía y la afirmación de la personalidad femenina.
El golpe de Estado tuvo un contenido de género puesto que uno de los objetivos de los militares fue restaurar el orden social en el que la mujer tenía que volver  a su papel de subordinación y dependencia respecto al hombre y a una mitificada y artificial feminidad. Aquí aparecen mujeres que habían alterado el orden social conservador y habían buscado y construido su manera de entenderse como personas fuera de los estereotipos de género tradicionales.
Y tenía que pagar por ello.
Estas diecisiete mujeres (muchas más aparecen en las historias de estas mujeres) sufrieron represalias diversas, llegando a la tortura y la muerte de algunas de ellas, por ser mujeres progresistas, algunas de ellas emancipadas y librepensadoras. Miles de mujeres fueron maltratadas en las cárceles, violadas, insultadas (“perras rojas”), separadas de sus criaturas, encarceladas o ejecutadas. No solo sufrieron ellas la violencia y el terror sino también sus criaturas, ser hijo/a de “roja” era un estigma que había que eliminar reeducando a esas criaturas cuando no matándolas.
En la restauración del orden social, la iglesia católica tuvo un papel protagonista. Los curas construyeron una “cruzada” para justificar la guerra civil y se involucraron en la represión como es perceptible en alguno de los casos que se explican en este libro.
Este friso de mujeres, como lo denomina la autora, abarca mujeres muy distintas: mujeres muy humildes y mujeres acomodadas; mujeres intelectuales o maestras y profesoras, y mujeres analfabetas cuya pobreza les impidió acceder al saber académico; mujeres comprometidas sindicalmente o políticamente hablando y mujeres sin compromiso militante. Todas ellas habían compartido la coordenada del sexo durante un tiempo histórico en el cual las leyes y los mecanismos culturales de control social informal desarrollaban un discurso de inferioridad y subordinación a la vez que las confinaban al ámbito doméstico. Igualmente vivieron, con esperanza e ilusión, la proclamación de la República y sus leyes igualitarias que les permitió votar y salir del espacio doméstico en el que la mayoría estaban recluidas.
Estas son las protagonistas de este libro: Matilde Robles, Agustina González, la maestra de la propia Antonina, Doña Paquita, Concha Moreno, las hermanas Peinado, Nicolasa Ortega, Matilde Cantos, Ángeles Fernández, Vicenta Lorca, Trinidad Capeli, Clotilde García, Laura de los Ríos Giner, María garrido, Isabel García Lorca, Rosario Fregenal, Maruja Ruíz, Elvira Pérez, Purificación y Enriqueta Rivas y diversas mujeres agrupadas en el epígrafe de las milicianas.
El franquismo cortó de tajo el camino de la emancipación femenina que aceleró la II República y la propia Guerra Civil en la zona republicana. La Dictadura fue un duro correctivo para las mujeres que no estaban dispuestas a someterse de nuevo a la sumisión impuesta por el Régimen y, en consecuencia, marcharon al exilio o vivieron en un auténtico exilio interior durante casi cuarenta años.


domingo, 23 de septiembre de 2018

MONARQUÍA Y REPÚBLICA, NI CHICHA NI LIMONÁ




Si nos mantuviéramos en una posición doctrinaria, el debate monarquía /república sería una falsa discusión desde una perspectiva anarquista ya que ambas son formas de Estado, principio inútil y nocivo tanto en origen como para cualquier función práctica según esta ideología. Considerado como instrumento de dominación de clase, que propiciaba el mantenimiento de la explotación y la desigualdad social, sería igualmente descartado. El anarquismo criticó la delegación de poder que suponía un sistema representativo como el liberal (y el democrático) que se constituía en monarquía o república como forma de Estado.
Así como no hay duda de que la monarquía no tuvo, ni tiene, afinidades con el anarquismo que rechaza de plano la idea misma de que la jefatura del Estado resida en una persona, un rey o una reina, siendo un cargo vitalicio al que se accede por derecho y de forma hereditaria, han existido afinidades históricas en España con la república.
La cultura democrática cobró forma en España, en el siglo XIX,  como una doble impugnación a las exclusiones políticas y sociales que implicaba la construcción del Estado liberal y las contradicciones del capitalismo. Así fue como el republicanismo federal asimiló el socialismo premarxista y, desde 1869, apoyó la construcción de organizaciones obreras.
El estado liberal consideró pronto al republicanismo federal como un movimiento peligroso para su existencia puesto que rechazaban, a la vez, dos aspectos sobre los que se sustentaba dicho estado: la autoridad y la propiedad. Este planteamiento revolucionario produjo, sin duda, afinidades con el anarquismo que se incrementaron por la huella de Proudhon en el pensamiento de Pi i Margall. Este margen de contacto pudo (puede) provocar equívocos sobre su afinidad pese a que las dos corrientes estaban bien delimitadas desde el punto de vista ideológico y no podemos considerar el republicanismo federal como precursor del anarquismo.
El republicanismo arraigó en las clases populares y no perdió apoyos cuando fracasó la experiencia republicana de 1873, manteniéndolos hasta bien entrado el siglo XX cuando la competencia del anarquismo se hizo patente. Esto no fue óbice para que se mantuviera la doble militancia republicana y anarquista en las últimas décadas del siglo XIX. La tradición democrático-social del republicanismo federal fue una aportación importante a la cultura radical del obrerismo presente en  anarquistas  que procedían del republicanismo.
Además de esta afinidad con el republicanismo federal, hay un segundo elemento a considerar: la mitificación de la II República (1931-1936). La historia puede convertirse en moneda de cambio para justificar posturas políticas actuales, para ello lo más fácil es construir mitos que repetidos hasta la saciedad acaban pareciendo verdades. El mito de la bondad o maldad intrínseca de la II República, según qué posiciones políticas lo necesiten, es uno de ellos tal y como observamos hoy en España.
El mito que está construyendo la nueva izquierda en España, con someras referencias a la II República, oculta sistemáticamente la política represiva de los gobiernos de centro-izquierda republicanos. Un aspecto relevante, que no por repetido en la historia reciente resulta menos engañoso, fue la clara diferencia entre el discurso y la práctica del republicanismo en la oposición, progresista e incluso radical, y el republicanismo en el poder defensor de un mundo de orden.
En el proyecto republicano, el orden y la reforma eran conceptos inseparables; para poder reformar las estructuras obsoletas de la monarquía liberal era necesario que las clases populares abandonaran la lucha y confiaran plenamente, delegando  el voto en los partidos, en su capacidad para democratizar el viejo sistema liberal. El sueño de una república reformista se centró en la igualdad política dando menos relevancia a la cuestión económica y social manteniendo intacta la economía liberal. Frente al paro, muy elevado por los efectos del crac de 1929, se aprobaron leyes draconianas como la de la Defensa de la República, la del Orden Público y, especialmente, la de  Vagos y Maleantes.
La ley de Vagos y Maleantes pretendía separar a los parados “respetables” de los pobres “peligrosos”, en la práctica cualquier trabajador/a que no tuviera empleo fijo podía ser detenido por tener aspecto sospechoso. Desde las páginas de periódicos como Solidaridad Obrera las diatribas contra esta ley eran constantes puesto que se aplicaba frecuentemente  contra los propios anarquistas y otros rebeldes sociales como los exiliados antifascistas de Europa o América Latina que se encontraban en España de manera clandestina.
Después, la II República sufrió un organizado golpe de Estado que desencadenó una guerra civil y una revolución social potenciada mayoritariamente por el movimiento libertario y, de nuevo, las diferencias entre las fuerzas republicanas de izquierdas contrarias a la revolución social y el movimiento libertario provocaron la confrontación abierta (sucesos de Mayo de 1937). La colaboración con los Gobiernos de la República durante la guerra se produjo para intentar salvar algo de la revolución social ya fracasada. Tras la guerra, el duro exilio, los intentos de unidad y el inicio del mito…
En conclusión, ante el debate monarquía/república, la respuesta sería: “ni chicha ni limoná”. Descartada la monarquía y reconociendo que hubo importantes afinidades con el republicanismo federal en la oposición, la experiencia de la II República y la Guerra Civil demostraron que la república es una forma de organizar un estado, mejor que la monarquía porque la jefatura del Estado es electiva, pero que el interés del anarquismo en esta fórmula solo podría despertar cierto interés en el caso improbable en que cuestionara la autoridad, la propiedad privada y otros aspectos sociales en los que no hemos entrado (por ejemplo el patriarcado) por la poca extensión de este texto[1].


[1] Para escribir este artículo, publicado en la revista de Sevilla El Topo, me he servido de mi propio libro: Laura Vicente (2013): Historia del anarquismo en España. Catarata, Madrid. Y de dos artículos, el de Chris Ealham: “Los mitos de la II República: la reforma, la represión y el anarcosindicalismo español”. Libre Pensamiento, nº 89, invierno 2016/2017, pp. 85-91 y el de  Eduardo Higueras Castañeda: “La cuestión del siglo: el federalismo español y las respuestas a la cuestión social en el siglo XIX”. Libre Pensamiento, nº 94, primavera 2018, pp. 9-15.

jueves, 13 de septiembre de 2018

Entre amigas. Correspondencia entre Hannah Arendt y Mary McCarthy (1949-1975).



Compré este libro porque he leído a las dos amigas, más a Arendt que a McCarthy pero también de esta última leí hace tiempo El grupo, una novela que tuvo mucho éxito cuando fue publicada en 1963. McCarthy es considerada como una gran novelista y ensayista, de origen judío (una abuela suya lo era), se movió en los círculos de la izquierda norteamericana mientras vivió en Nueva York. Fue muy pronto crítica con el estalinismo y colaboró con varias revistas entre las que destaca la Partisan Review, de la que se alejó tras la II Guerra Mundial por las posiciones conservadoras que adoptó la revista.
Entre la década de los cuarenta y los cincuenta fue muy crítica con el reaccionario senador McCarthy y su “caza de brujas”. Su posición ideológica la llevó a participar en las campañas contra la guerra de Vietnam y contra los escándalos del Presidente Nixon de la década de los setenta.
Arendt es de sobra conocida como una de las pensadoras más influyentes del siglo XX. Nacida en Alemania tuvo que huir de este país por su origen judío. Le fue retirada la nacionalidad alemana en 1937 y fue apátrida hasta que consiguió la nacionalidad estadounidense en 1951, diez años después de llegar a Estados Unidos.
No le gustaba ser considerada filósofa y afirmaba que sus estudios eran de “teoría política”. Compartía una mentalidad de izquierdas con su segundo marido, el poeta y filósofo comunista Heinrich Blücher que, muy pronto, fue crítico con el estalinismo. Por su condición de mujer judía y de izquierdas se involucró también en temas de actualidad destacando su famoso, y muy criticado por algunos sectores, Eichmann en Jerusalén, publicado en Estados Unidos en 1963.


Ambas se conocieron en 1949 y su correspondencia empezó inmediatamente hasta la muerte de Arendt en 1975, veintiséis años que en este libro aparecen agrupados en seis partes. Cuando murió Arendt, McCarthy fue su ejecutora literaria hasta su propia muerte en 1989. Este libro fue publicado en Estados Unidos en 1996.
En esta correspondencia encontramos mucho cariño y ternura entre ambas mujeres que en sus cartas escriben sobre diversos temas: vida cotidiana sin descartar su intimidad (parejas, amistades, servicio…), actualidad (especialmente temas políticos), los manuscritos de sus libros que eran valorados y corregidos por la otra amiga, libros de otros autores/as, viajes, arte, etc.
El rigor intelectual que aparece en estas cartas es lógico dada la talla de su pensamiento, sin embargo sorprende más adentrarse en las “pequeñas cosas” de la cotidianeidad como son las dolencias físicas, las tareas domésticas, la vivienda, etc. (más prolija en este sentido McCarthy que Arendt). La planificación de viajes por separado o conjuntamente es otro aspecto interesante, McCarthy era una experta en arte y la planificación del viaje que hicieron a Sicilia (p. 427-434) en 1971 es como para anotarlo como guía para visitar esta isla italiana.
Son ilustrativas sus charlas sobre el mundo masculino: sus parejas (en el caso de McCarthy se casó cuatro veces, dos Arendt), sus amigos, sus hijos (en el caso de McCarthy uno y varios de su último marido), sus críticos, etc. Ambas construyeron una hermandad llena de complicidad que se convertía en defensa de la amiga ante la crítica de sus obras que en algunos casos fueron duras. Especial importancia tienen en su correspondencia los ataques que recibió Arendt por su Eichmann en Jerusalén, respondidos, ante la negativa de su amiga a hacerlo, por McCarthy. Curiosamente coincidió en el tiempo con las críticas que recibió McCarthy por su novela El grupo.
Arendt se negó a responder directamente porque consideró que la crítica a Eichmann en Jerusalén formaba parte de una campaña política; no es crítica y realmente no tiene nada que ver con mi libro. (…) Yo escribí un informe y no hago política, ni judía ni ninguna otra (239). Luego, Arendt escribió un ensayo, muy interesante, sobre Verdad y política, que implícitamente será una respuesta (245).
Ambas amigas compartían sus manuscritos para saber la opinión de la otra que ambas valoraban mucho puesto que no era un intercambio de cortesía sino que las dos hacían una lectura minuciosa con alabanzas pero también críticas. McCarthy, además fue una excelente correctora en el uso del inglés de Arendt.
Hay multitud de comentarios, en ocasiones con enorme sentido del humor, de libros y de autores/as que nos permiten conocer sus gustos y sus manías respecto a numerosos personajes del momento como Sartre, Beauvoir, Bellow, Grass, Sontag, Sarraute y otros muchos/as.
Esta correspondencia es un diálogo entre dos mujeres unidas por una gran afinidad electiva, preocupadas por su tiempo (macartismo, Vietnam, Nixon, Mayo del 68, etc.) centradas en su obra, grandes lectoras y escritoras, interesadas por la política, poco feministas aunque su empoderamiento personal es un ejemplo feminista de la nueva mujer.
Dice McCarthy:
El hombre, al parecer, no tiene el menor sentido de la historia; cree que los males que ve a su alrededor son todos nuevos (400).
Una gratificante y rica lectura.